“Washi-ningyo”. Entre kimonos y papel

Exposición de Akio Muruyama en el EMOZ

Nacido en 1989 y criado a los pies del Monte Fuji, en la prefectura de Shizuoka, Akio Maruyama comenzó a crear muñecas de papel washi desde niño, bajo la guía de su madre Noriko Maruyama, maestra de este arte.
Al darse cuenta de la rareza de las muñecas de papel japonesas, comprendió el riesgo de que las washi-ningyo desaparecieran junto con los últimos artesanos.
Decidió entonces convertirse en portavoz de esta tradición, para que se preserve y se transmita a las futuras generaciones.
Actualmente residente en Japón, en la ciudad de Hamamatsu, desde 2012 se dedica profesionalmente a la investigación, producción y enseñanza de diversos tipos de muñecas, tanto dentro como fuera de su país.
Sus obras han sido expuestas en países como Japón, España, México, Francia, Italia y más.

¿Qué son las muñecas de papel japonesas?
Washi-ningyo son muñecos de papel, obras maestras artesanales nacidas de la paciencia y la intuición artística.
Creados con fines decorativos desde el período Edo (1603-1868), narran historias antiguas a través de cada capa y pliegue. Observarlos es como abrir un portal a través del tiempo: te encuentras en el silencio sepulcral de una habitación japonesa, entre kimonos y pequeños gestos rituales.
El papel se convierte en gesto, la forma en memoria. Incluso hoy, estas figuras siguen cautivando, suspendidas entre el arte popular y la poesía visual, con un encanto que resiste la fragilidad y la impermanencia del material del que están compuestas.

Fuente: Dossier de prensa de la exposición “Washi-ningyo. Entre kimonos y papel” en la Escuela Museo Origami de Zaragoza -EMOZ-.

Mi agradecimiento a Akio Maruyama y a la Escuela Museo Origami Zaragoza -EMOZ- por la información facilitada y por todas las facilidades dadas para realizar el reportaje

Enlaces relacionados:
https://www.facebook.com/akio.maruyama.90
https://www.instagram.com/pecha_akio

Palencia

Situada en la llanura de Tierra de Campos y bañada por las aguas del río Carrión, esta capital de provincia enamora por maravillosas obras arquitectónicas y artísticas del centro histórico como su famosa Catedral y varias iglesias, además de contar con cuidadas zonas verdes, un animado ambiente nocturno y una excelente gastronomía.
Palencia es una ciudad bonita, tranquila y fácil de visitar. La mayor parte de los lugares importantes y destacados se encuentran dentro del casco urbano, por tanto resulta muy sencillo conocerlos en poco tiempo.
Tan solo el Cristo del Otero se halla fuera del centro pero eso no es problema porque si dispones de coche llegarás en menos de cinco minutos al cerro donde se ubica.

Sería imperdonable ir a Palencia y no visitar la impresionante Catedral de San Antolín, pero es tal su importancia que merece una entrada independiente https://www.ezquerro.eu/san-antolin/
En esta entrada vamos a centrarnos en el resto del casco urbano.

Podemos iniciar la visita desde el Convento de San Pablo, fundado por Santo Domingo de Guzmán en el siglo XIII, dos siglos más tarde se construyo junto a él la iglesia del mismo nombre.
Su fachada exterior es de estilo neoclásico, en cuanto al interior está dividido en tres naves, separadas por pilares, con varias capillas a ambos lados de los mismos, entre ellas destacan sobre todo la Capilla de la piedad y la Capilla de los Marqueses de Poza.
En la plaza de la fachada principal podemos ver el Monumento a la Primera Universidad de España y el Convento de la Piedad

Continuamos nuestra visita por la Calle Mayor. La calle peatonal más famosa de la ciudad tiene una longitud de casi 1 kilómetro, está repleta de soportales y en nuestro recorrido podemos contemplar importantes edificaciones como:
El Edificio de Correos. Situado en el comienzo de la Calle Mayor, fue construido a principios del siglo pasado y su estructura se asemeja a los palacios urbanos italianos.
El Convento de las Agustinas Canónigas, fundado en el siglo XVI. De sus edificios quedan parte de las dependencias conventuales, utilizadas como oficinas del Ayuntamiento de Palencia, y la iglesia, abierta al culto con el nombre de iglesia de san Agustín
El Colegio de Villandrando, construido entre 1910 y 1911 y considerado uno de los mejores ejemplos de modernismo de la ciudad.
El edificio que alberga el Consejo de Cuentas. Construido en 1912 por el arquitecto Jerónimo Arroyo, es un ejemplo destacado de estilo modernista con influencias eclécticas y neoplaterescas, especialmente visible en sus espectaculares vidrieras.

Y de la Calle Mayor nos vamos a la Plaza Mayor, construida en el siglo XVII está cubierta por soportales en sus tres cuartas partes.
Es el centro neurálgico de la ciudad. En ella se encuentra el Ayuntamiento que comparte ubicación con la escultura de Alonso Berruguete.
La imagen, obra del también escultor Victorio Macho, trata de homenajear al artista Alonso Berruguete, uno de los mayores representantes de la escultura renacentista española.
A pocos pasos de allí, se encuentra el Palacio de la Diputación, un edificio neorenacentista con influencias barrocas. Su interior alberga pinturas de gran valor y una escalera imperial impresionante.

Detrás del Ayuntamiento se encuentra la escultura de la Aguadora Palentina y sobre todo, la Plaza de San Francisco en la que destaca la Iglesia de San Francisco, construida en el XIII en estilo gótico y con añadidos posteriores renacentistas y barrocos. Inicialmente era un convento franciscano, fue sede de las Cortes de Castilla y residencia real en el siglo XIV, hasta que en 1878 llegó la Compañía de Jesús y se ocupó de su administración. En el interior destaca el retablo barroco dorado de estilo churrigueresco y la Capilla de la familia Sarmiento que alberga el sepulcro del infante Tello Alfonso de Castilla.
Adosada a la iglesia de San Francisco se encuentra la Capilla de Nuestra Señora de la Soledad. Llaman la atención, sobre todo, sus bóvedas de yesería, el retablo neoclásico y las pinturas de los muros laterales del siglo XVIII. Alberga en su interior la imagen de la Virgen de la Soledad, la más venerada de la Semana Santa palentina.

En las proximidades de la Calle Mayor encontramos la Iglesia de Nuestra Señora de la Calle.
Conocida popularmente con el nombre de Iglesia de la Compañía, consagrada en un principio a San Lorenzo, en 1768 el edificio se reconvirtió en santuario al colocar en su interior la imagen de la Virgen de la Calle, patrona de la ciudad.

Otras dos iglesias que merece la pena visitar son:
La Iglesia de San Lázaro, de origen románico, se dice que fue fundada por el Cid Campeador como hospital de peregrinos. Su retablo mayor es una pieza de platería excepcional.
Y el Monasterio de las Claras, famoso por albergar la imagen del Cristo de las Claras, una figura que impresiona por su realismo (tiene pelo y uñas naturales) y que está rodeada de numerosas leyendas.

A poca distancia de la Catedral se encuentra la Iglesia de San Miguel, situada a orillas del río Carrión la iglesia marcaba el límite sur de la ciudad y además servía de línea de defensa de la misma. Su esbelta torre cuadrada de imponentes arcos ojivales y un remate de almenas que le dan apariencia de fortaleza, es su mayor seña de identidad.
Según se cuenta la Iglesia de San Miguel fue construida sobre los restos de un antiguo templo fundado en tiempos del rey Fernando I, siendo además el lugar elegido por El Cid y doña Jimena para casarse.
Sin embargo, el edificio que vemos hoy en día no es tan antiguo, sino que data del siglo XIII.

Después de estas visitas podemos dar un agradable paseo por la orilla del Carrión. Durante el recorrido podemos disfrutar de la tranquilidad y la naturaleza en las Huertas del Obispo, el Parque del Sotillo de los Canónigos y el de la isla Dos Aguas, además de cruzar el Puente Mayor o el Puente Puentecillas.

También podemos pasear por otros dos parques.
Parque del Salón de Isabel II, más conocido como El Salón, en un principio este enorme parque se encontraba fuera de los límites de la ciudad pero debido al crecimiento urbano acabó formando parte del centro histórico.
El parque está repleto de vegetación, pequeños parterres, zonas de juego y una enorme hilera de bancos de piedra, donde además se encuentra el entrañable Monumento a los Mayores, todo un símbolo del parque.
Y al final del Salón la Huerta de Guadián. Este parque guarda un pequeño tesoro tras sus puertas, La Ermita de San Juan Bautista, una auténtica joya del románico palentino. Ubicada inicialmente en el pequeño pueblo de Villanueva del Río, las aguas del pantano de Aguilar de Campoo terminaron por anegar el terreno donde se encontraba. Por eso se tomó la decisión de trasladar piedra por piedra la ermita hasta la Huerta de Guadián.

Y por último, ubicado en la parte más alta del cerro del Otero, en las afueras de la ciudad, podemos visitar el Cristo del Otero, obra del célebre escultor palentino Victorio Macho, el Cristo del Otero tiene el privilegio de ser uno de los cristos más altos del mundo, de hecho sus 21 metros de altura dan fe de ello.